sábado, 1 de agosto de 2009

Pediatric Bipolar Disorder in Amish children.

En 1987 Janice Egeland publicó un estudio en la revista Nature que pronto se convirtió en el estudio "de rigueur" para investigadores en genética del trastorno bipolar de la época; en cuanto a su impacto científico, fue una especie de estudio de Caspi y colaboradores, pero de aquel entonces. Sin embargo, el entusiasmo duró poco, porque escasos meses después, publicó otro estudio, también en Nature, en el que se establecía que sus conclusiones eran espurias; esto último, no lo hizo sólo una vez, sino ¡dos veces! como lo atestigua este otro estudio.

La presencia de un gen en el cromosoma 11 responsable de la transmisión del Trastorno Bipolar no cristalizó como factor etiológico de esta enfermedad. Ambos estudios - el mismo, en realidad, pero con resultados iniciales y, después, revisados - fueron notables porque investigaban la transmisión hereditaria en una genealogía cerrada; se trataba del grupo Amish, en donde no se casan con extraños/as a su comunidad y las costumbres sociales son muy estrictas. Algunos recordarán la película de Harrison Ford "Único testigo" en la que se muestra el estilo de vida de los Amish por primera vez.
En suma, Janice Egeland consigue estudiar la transmisión del TB en una población homogénea y estable en el tiempo que, aprentemente, no estaba sujeta a variables socioculturales de impacto y significativas. La transición desde el estudio de las variables epidemiológicas y genéticas a los estudios prospectivos parece lógica: ¿Qué es lo que pasa en cada generación de niños Amish? ¿Cómo surge el TB en estos niños?

En parte Egeland da respuesta a varias preguntas acerca de la validez del constructo TB en población pediátrica (niños y adolescentes). En el primer estudio, publicado en el JAACAP en el año 2003, y con un sustancioso comentario EBMH en el año 2004 (al que se puede acceder gratis si se registran en el grupo editorial BMJ), Egeland y colaboradores encuentra que es posible detectar un conjunto de síntomas prodrómicos en niños procedentes de familias afectadas (uno de los padres con TB). Egeland hace énfasis en que esa agrupación (Cluster) de síntomas es episódica y no continua. Esto último está en contraste con el hallazgo en poblaciones no Amish en las que los síntomas - que son además diferentes - se suponen que son continuos (para una revisión relativamente reciente de lo que se sabe y se acepta por consenso del tema, recomendaría la lectura de este artículo de Pavuluriy colaboradores en el JAACAP, 2005).

Mi lectura de lo anterior es que no es posible hallar un cuadro sintomático definitivo, claro y continuo en niños prepuberales; en otras palabras, un síndrome bipolar completo NO existe. Sin embargo, y como pueden leer en una revisión reciente de Youngstrom, Birmaher y Findling, en Bipolar Disorder, "se han amasado pruebas considerables que apoyan la validez del diagnóstico de TB en niños y adolescentes".

¿Cómo se digiere la conclusión anterior ante el segundo estudio de Egeland? La situación se hace más confusa (TB prepuberal vs Pródromos episódicos) con la segunda publicación de Egeland y colaboradores en la que siguen a estos jóvenes durante 10 años. Desgraciadamente el hallazgo potencialmente más importante, aún no ha sido publicado: ¿cuántos, de esos niños con síntomas prodrómicos, evolucionaron hacia un TB completo? El segundo artículo de Egeland sirve para corroborar los hallazgos del primer estudio (presencia de un síndrome prodrómico característico y confirmación del carácter episódico de los mismos: Ni TB completo y diferenciado, ni TB continuo).

Algo de esto último podría encontrarse en el estudio de Geller y Tilman de 2005 en el que, basándose en los criterios de validación de Robins y Guze, concluyen que sí es posible hallar un síndrome "Bipolar" característico de los adolescentes y continuo con el TB de los adultos; sí es posible discriminar éste del TDAH y, por último, ignoran o soslayan el problema del TB en niños.


Un chisme final, para aquellos que deseen noticias refrescantes para el verano muy caliente de las Canarias: hace poco tiempo se publicó una respuesta a la editorial de Nassir Ghaemien el British Journal of Psychiatry, que ya comenté en un post anterior. La respuesta es bastante agresiva y está escrita por un psicoanalista y psiquiatra americano, discípulo de George Engel, Zvi Lothane. A fecha de ayer, Ghaemi no se había dado por aludido, pero la carta de Lothane tiene gusto a "revolcón-al-cachorro-nuevo". La costumbre persa de disfrutar de un buen debate es una que Ghaemi profesa y espero que responda más tarde o más temprano.

NB: el uso del póster de Único Testigo se efectúa bajo el principio de Fair Use.



4 comentarios:

Jesús Castro Rodríguez dijo...

Reichart y Nolen9, entrevistaron a 325 psiquiatras de niños y adolescentes y se les preguntó cuantos niños bipolares menores de 13 años diagnosticaron durante el último año, detectándose una prevalencia de 0,001%, cifra muy inferior al 0,1% sugerido para el grupo etario entre 9 y 13 años. La primera explicación para este pobre reconocimiento está en lo complejo que resulta éste diagnóstico inclusive para los especialistas, ya que los niños, por lo general, no presentan los síntomas maníacos del adolescente y adulto. En estos, la manía se caracteriza más bien por hiperactividad, irritabilidad, “pataletas”, temperamento difícil y labilidad anímica, entre otros.
Entiendo que cuanto menor es la edad mas complejo, y también entiendo que los especialistas deben de estar afinando mucho mas el diagnóstico para llegar a la prevalencia planteada de hasta un 2%.
Claro, el problema debe de ser que todos los niños bipolares están en la comunidades Amish, porque siendo yo psicologo y padre de tres niños, con lo que conocemos y hemos conocido yo y mi entorno a centenares de niños, jamás me he encontrado con uno al que pudiera aplicarle esa etiqueta, aunque pudiera ser que estuvieran medicados. Posiblemente sea defecto mio, (y seguramente de los que me rodean) para reconocer esa enfermedad en los niños, o bien, que como dije antes, estén todos en las comunidades Amish. Por otro lado, me sorprende al leer los comentarios de familiares con hijos con esa enfermedad (http://pensamientocritico.wordpress.com/2007/02/19/familiares-de-un-afectado-por-trastorno-bipolar/) el que no pueda evitar darme cuenta de que en unos casos el diagnóstico sirve como "excusa" para dar la razón "del loco", es decir, "esto no lo dices tu, lo dice tu enfermedad", y no tener que tomar determinadas decisiones, por otro, el que el patrón de funcionamiento familiar sea muy similar al que ocurren en las adicciones, es decir, el enfermo no es consciente ni admite su enfermedad, y la familia le quita absolutamente al enfermo la posibilidad de SER persona, desde el momento en que no se dan por aludidos cuando se les ofende, se les insultas, o se les hacen cosas excecrables, una vez mas, asumiendo que "no sabe lo que hace".
La cuestión genética, como ya sabes Vladimir, me resulta como mínimo cuestionable o al menos me parece demasiado optimista establecer una relación lineal de causalidad.
Un saludo.

Anónimo dijo...

Yeah, very sound scientific information in your blog but... what about trash culture?
You promised it.

CCA dijo...

Well, you're right! I easily get carried away by the overwhelming need to sound clever and bookish in the psychiatric arena. I´ll endeavour to comment upon "trashy" subjects... Although I wonder if George R Martin will agree with me that his Song of Ice and Fire can be considered that... High brow vs low brow culture...
In this sense I should write a review of a recent opera I went, its mise en scène was in charge of Wagner's greatgranddaughter... its result: A huge bomb!
Thank you for reminding me this side of the blog...

Anónimo dijo...

Don't mention, my folk! Your blog is great but we're waiting the dark side of yourself!