miércoles, 8 de julio de 2009

Clash of Titans: DSM-IV vs DSM-V. (Categories vs Dimensions or loss of revenue?)

Me formé en el Reino Unido (desde mediados de los ochenta hasta mediados los noventa). Los psiquiatras ingleses defendían con fiereza el sistema CIE; supongo que una de las razones era porque, en parte, fueron sus artífices. Por tanto, cuando me fui a Canadá, en donde viví durante cinco años, no estaba familiarizado con el DSM.

Los rigores de la vida en la Pradera Canadiense hicieron que no tuviera más remedio que familiarizarme con este sistema. Desde Aklavik hasta la frontera con Méjico, no se hablaba ni se usaba otra cosa.

El DSM-III, en magistral e imprescindible título de un artículo de Mitchell Wilson, transformó a la Psiquiatría Americana, supuso un cambio de paradigma - en el sentido Kuhniano del término (el artículo es una de las mejores historias acerca de la gestación del DSM-III jamás escritas; es conciso y no cansa leerlo. Puede conseguirse gratis de manera indirecta y a través del mismo Am J Psych). Es, por consiguiente, algo triste ver como el proceso de desarrollo del DSM-V se está convirtiendo en una batalla entre los encargados del mismo y los editores de la edición anterior (Allen Frances y Robert Spitzer).


Y todo empezó porque Allen Frances, editor en jefe del DSM-IV, criticó en una editorial, por publicar aún, la arrogancia de los editores del DSM-V al haber expresado estos que se aproximaba un cambio paradigmático - revolucionario en la psiquiatría con el uso de dimensiones diagnósticas en lugar de categorías.

El intercambio entre los dos bandos (DSM-IV vs DSM-V ¿Cuál es la Masa y cuál la Cosa? - en denominación de la editorial Vértice de mediados de los 70) es tan virulento que ya ha quedado recogido en otros blogs ilustres, como por ejemplo el del siempre equilibrado Vaughan Bell y su Mind Hacks en este post con el título siguiente: Continuan las luchas por el manual de diagnóstico psiquiátrico. Curiosamente, Furious Seasons no ha mencionado aún este debate, ni tampoco Clinical Psychology and Psychiatry, ambos suelen tener un ojo - ácidamente- crítico con respecto al DSM y a la APA.

Una de las responsables de la introducción del diagnóstico de trastorno de estrés post-traumático en el DSM-III fue Nancy Andreasen, discípula de George Winokur, uno de los neo-kraepelinianos (G. Klerman dixit); fue la misma Nancy quien criticó, muchos años después - y no frente al pelotón de fusilamiento - al sistema DSM-IV como uno de los responsables de la destrucción de la investigación psicopatológica. Es posible acceder a su crítica en el Schizophrenia Bulletin de Enero de 2007.

Por otra parte, ¿qué tendrá que decir Roger Blashfield de todo esto, después de haber escrito uno de los artículos más irónicos e incisivos de los últimos años acerca de la inflación diagnóstica de los sucesivos DSM?






3 comentarios:

Lizardo dijo...

Recientemente también Renato Alarcón, paisano mío y miembro del DSM-V Task Force, expuso su punto de vista:
http://www.psychiatrictimes.com/display/article/10168/1426119.

Y de presto modo -hoy- Allen Frances y Robert Spitzer han respondido a Alarcón:
http://psychiatrictimes.blogspot.com/2009/07/frances-and-spitzer-message-to-dsm-v.html

El mensaje es pulcramente diplomático pero Frances y Spitzer mantienen sus atingencias en lo nuclear:
"Instead, our problem is with the conditions imposed on the work group members by the DSM-V leadership, particularly: (1) the confidentiality agreements; (2) the unwillingness to post on the DSM-V Web site the work done so far by the workgroups (i.e., the literature reviews, results of any of the secondary data analyses, and, most importantly, the exact wording of the proposed criteria sets or dimensions; and (3)the rush to prematurely start these field trials in order to meet an artificially imposed publication deadline."

Interesante polémica que habrá que seguir con el ponderado criterio y la solvente perspectiva a que Ud. nos tiene acostumbrados.

Un fraterno saludo 'Desde el manicomio'.

Gustavo dijo...

Creo que el DSM-V tiene pinta de (a pesar de su cacareada dimensionalidad) ser un factor extra en el divorcio innecesario entre la psiquiatría y la psicología clínica (cuando la psicopatología es un nexo común, más amplio, no exclusivo); p.e. en el DSM-IV había 4 psicólogos en la Task Force; ahora creo que sólo 1 (Zucker, en ámbito trastornos de identidad sexual/género). El secretismo no ayuda a desactivar una justificada desconfianza. Quizás sea el péndulo de la historia y acabemos como los lacanianos regresando a las fuentes, quizás por libre (una lástima, supongo).

Anónimo dijo...

Fernando dijo: La creación el DSM III fue un éxito pues resolvía uno de los grandes problemas de la psiquiatría y era el tema de la fiabilidad diagnóstica o también conocido como coeficiente Kappa, sin embargo la influencia de los colectivos gays y el movimiento feminista y la desaparición de diagnósticos como el trastorno sádico de la personalidad no hizó otra cosa que crear muchas sospechas en relación a la elaboración de los criterios diagnósticos. En el momento actual el problema se centra en la validez diagnóstica y la tan repetida comorbilidad , la idea de un diagnóstico dimensional y la busqueda de los endofenotipos podrían solucionar gran parte de esos problemas. Como un humilde residente de segundo año y a lo mejor movido por las nuevas influencias y las figuras emergentes de la psiquiatría algunas ya muy conocidas como van oss creo seriamente en ese modelo , el futuro nos dirá, pero yo apostaría por el cambio aunque claro el gran problema aparece con la Esquizofrenia.