domingo, 26 de octubre de 2008

Bernheim vs Charcot


Ya he aludido a mi diletantismo en materia psiquiátrica: uno de los temas que más me interesó en su día fue el de el trastorno múltiple de la personalidad; sobre todo porque nunca había visto a un paciente con esta condición y en el Reino Unido se reían de este diagnóstico. En el Canadá tuve la oportunidad de trabajar al lado de uno de los centros mundiales acerca de este tema (Winnipeg, con Colin Ross) y tuve que ver algún paciente con este diagnóstico. Ello me llevó a interesarme por el tema de la hipnosis a través de Nicholas Spanos, quien desarrollo una teoría sociocognitiva de la hipnosis en la que explicaba el TMP. Sin embargo, y en contra de Spanos, está este interesante artículo en el American Journal of Psychiatry. El experimento que utilizan es elegante porque aquí no cabe que el sujeto hipnotizado nos esté engañando - en otras palabras, no vale la simulación. Cuando se le pide que vea una cosa en color que no lo es, el sujeto ve la cosa en color, tal y como queda registrado en la Tomografía de Emisión de Positrones. Es decir, que volvemos al viejo debate de la escuela de Nancy versus la escuela de París (Charcot versus Bernheim): la hipnosis es un estado diferente, no es equivalente a la sugestión o a la simulación.

NB: debo el conocimiento de este artículo a Vaughn Bell y a su Mind Hacks, que no paro de repetirlo: es uno de los mejores blogs del momento.

3 comentarios:

Gustavo dijo...

Hola, primero de todo felicidades por el blog. Sobre el tema del TMP, nunca vi un caso en 7 años de psicólogo en hospitales universitarios. Puesto que la personalidad es en una parte importante un constructo psicosocial, es muy posible que la base del TPM lo sea también, y a favor de ello están las tasas tan dispares de diagnóstico según países y momentos (actualmente en USA han estrenado una serie de TV (decepcionante para mi gusto)llamada United States of Tara, sobre un supuesto TPM y los diagnosticados auto o hetero salen como setas). Pero sobre la hipnosis, yo diría que hay cierto consenso en varias cosas: tiene correlatos neurológicos objetivables (NeuroImage 2004, 23(1),392-401 p.e.) pero no precisa de aludir a estados alterados de conciencia; de hecho todo lo que se obtiene en hipnosis se obtiene sin ella, pero su valor está en la facilitación de los cambios que se busca; la hipnosis es sugestión (verbal o no, explícita o no, con el ritual de envoltorio o no) y probablemente se reduce a ella; de hecho según Kirsch la hipnosis es equiparable al placebo en los mecanismos implicados (expectativa de respuesta) (Hypnosis and placebos: response expectancy as a mediator of suggestion effects, Anales de Psicologia, 1999, 15(1), 99-110; en abierto). Lo fascinante para mí es que un proceso que se basa en símbolos pueda generar un efecto neurológico tan directo y dramático (a veces), pero desde luego no es simulación ni obediencia, sino un efecto (en mi modesta opinión) fascinantemente real de la sugestión sobre lo orgánico.

CCA dijo...

Gustavo, te agradezco antes de nada que te hayas tomado la molestia de entrar en mi abandonado y solitario blog.

Como puedes ver de lo comentado, yo no me aclaro aún con la hipnosis; me llamó la atención el artículo porque me pareció empíricamente válido y con una metodología replicable y sin errores obvios.

Ni que decir tiene que desde ahora me tomaré el blog un poco más en serio puesto que sé que me lees y, va por descontado, que ya me apunté al tuyo. Un abrazo cariñoso.

Gustavo dijo...

Para nada, aquí estamos a salvo de la seriedad del impact factor; reivindico el sugerir porque sí...mi propio blog (lleno de diletantismos con cierta laxitud) lo atestigüa; disculpas si he parecido... pedante, pero es una mezcla del interés que me produce el tema y el formato que elimina lo paraverbal. En cualquier caso, y ampliando, realmente esa dualidad dura en hipnosis entre estado y sugestión es cierto que la sigue manteniendo alguna gente, pero creo que van a menos. Sobre el TPM, con toda su carga psicosocial, opino que no se debe sustentar precisamente en el fenómeno hipnótico, sino en evidencias directas sobre su existencia como entidad diagnóstica: p.e. sustratos funcionales neurológicos distintos para cada personalidad (parece que hay estudios, p.e. NeuroImage 2003, 20(4): 2119-25) y ahí es donde ambos conceptos confluyen, y no en la sugestión. Además, pienso que el frecuente argumento de que el TPM (o TID) supone fluctuaciones interculturales e históricas en frecuencia y presentación (también sucede en la anorexia nerviosa y nadie la pone en duda), o que pueda haber una ganancia secundaria, me sugiere que lo asemeja al trastorno conversivo, y le da un trasfondo psicosocial particular (y muy complejo?, pero no lo invalida en sí: no es simulación ni facticio. En fin, lo más cerca que tuve un caso de TMP fue cuando leí Sybil en la adolescencia, así que hablo más desde la curiosidad que desde el saber; ojalá algún otro navegante colgado con un conocimiento más real me sacara de mis errores. Pues eso, un blog con aportaciones dilatadas pero curiosas; enhorabuena. Un saludo.