viernes, 14 de enero de 2011

De médicos, santos y sanación...

Hoy fui a una conferencia, organizada por el Servicio de Psiquiatría, con el sugestivo título de: Milagros Médicos: Médicos, Santos y Sanación en el Mundo Actual. La conferencia la dió Jacalyn Duffin que es la catedrática de historia de la medicina en la Universidad de Queens.

La historia de cómo Duffin se vió involucrada, sin saberlo, en el proceso de canonización de Santa María Margarita de Youville, es extraordinaria. Una médico compañera le pidió que revisará los frotis de médula ósea de una paciente con leucemia ya que originalmente Duffin se había formado como hematóloga; para su sorpresa, la paciente había sobrevivido una recaída de su enfermedad. Duffin, pensó que la paciente, al experimentar la recaída, no sobreviviría otra, pero éste no fue el caso, quedándose estupefacta (pueden encontrar la crónica en este artículo del periódico Globe and Mail).

Duffin concluye en su libro, y a pesar de su ateismo profeso, que hay curaciones que no son explicables y, por lo tanto, milagrosas. Sin embargo, también concluye que "la medicina y la religión emergen como sistemas de creencias marcadamente similares..." (copiado de la revista Journal of Religion and Health, 48: 394-395). Una revisión perfunctoria de Google, muestra que las reseñas de su libro son numerosas, llegando a ser reseñada nada menos que en el NEJM.

La lógica de Duffin es la siguiente: si la curación no es explicable, no tiene sentido apelar a un desconocimiento de lo que las distintas disciplinas biomédicas nos depararán en el futuro, puesto que mantener esto no es más que otro tipo de creencia, otro acto de fe.

Si bien la conferencia me pareció brillante - y de hecho, he encargado su libro a Amazon - no he quedado satisfecho con su conclusión final acerca de la medicina como un acto de fe. La equiparación de sistemas de creencias no está lejana de la validación de narrativas diversas en el sentido más relativista y postmoderno del acto. En suma, ¿Un "Anything goes" soterrado? No lo sé... tendré que hablar con ella y preguntarle...

En la imagen: Santa María Margarita - imagen en dominio público procedente de Wikipedia.

5 comentarios:

David Simón dijo...

Pienso que tal vez le interese el artículo "La fe que cura", por Charcot, publicado en la revista de la AEN en 2001.

http://scielo.isciii.es/pdf/neuropsiq/n77/n77a07.pdf

Gustavo dijo...

Parece que siendo dos tipos de fe, también sean cualitativamente distintas: la religiosa es en sí misma, se basta, y lo es igual ahora que en cien años; la médica (que es fe) sin embargo lo es sobre el potencial, un futuro posible, y de hecho su aspiracióne sencial es a dejar de ser fe y convertirse en ciencia. Fe las dos, y sin embargo bien distintas (y no equivalentes), ¿no?
Un saludo

Anónimo dijo...

Purkinje comenta:
No dejo de sorprenderme con estos anglosajones y su forma de entender las cosas, curiosamente ahora mismo estoy trabajando sobre la nidoterapia de peter tyrer concepto que sorprende al igual que lo anterior por la forma de abordar las cosas, en ocasiones me impresiona de conceptos simplistas lo cual va muy en contra de retórica abundante del lugar donde trabajon pero no me cabe duda que a veces usamos conceptos muy complicados para cosas que se pueden hacer más sencillas y es esa sencillez y humildad la que en cierta forma me atrae de estos anglosajones, así que bueno hay cosas que requieren creer en lo que se hace y no me queda duda que en nuestro trabajo o crees en lo que haces o poca cura, yo con mis rasgos narcisistas eso lo tengo más que superado.

Fernando Ruiz dijo...

Si me permites Casimiro, quisiera aventurar un comentario a propósito del tema de las creencias; surgido en el Blog en conexión a una cura milagrosa. Las creencias es un asunto que viene dando vueltas en mi cabeza desde hace ya un tiempo, y no necesito decir que no es fácil clarificarlo a plena satisfacción. Pienso que a menudo cuando se dice que algo es una creencia es porque no tiene base en la ‘realidad’, como es el caso de creer en los fantasmas o en las brujas, o en cosas por el estilo. Como consecuencia las creencias son lo opuesto a lo científico, el polo opuesto al conocimiento objetivo ofrecido por las ciencias. Así planteado el problema, y a simple vista, esto parece correcto y de sentido común. El asunto comienza a complicarse cuando tratamos de entender qué es la “realidad” y en qué consiste la “objetividad” de las ciencias. Para no extenderme demasiado me limito a observar que la “realidad” no puede reducirse a las puras ‘sensaciones’ del mundo, de partida la psicología nos dice que las sensaciones están contaminadas y organizadas por las condiciones del agente que las experimenta, y se prefiere entonces hablar de ‘senso-percepciones’ o percepciones a secas para incluir estos aspectos en la captación del ‘mundo’. Las percepciones, varían considerablemente de persona a persona y de cultura a cultura; naturalmente los hombres pueden encontrar terreno común y lograr acuerdos acerca de elementos del mundo en el que nos encontramos, particularmente de aquellos más simples y concretos con los que nos tropezamos habitualmente: piedras, tierra, manos, cabeza, etc. Pero las cosas se complican considerablemente cuando nos movemos a áreas más elaboradas y abstractas e intentamos conceptualizar, por ejemplo, lo que es la ‘naturaleza’ y la ‘realidad’. En buenas cuentas, la ‘realidad’ termina siendo un concepto basado en percepciones, ideas y creencias.
En lo referente a la “objetividad” del conocimiento científico hay mucho que hablar, baste reconocer su objetividad parcial, --no la temida relatividad; parcial, porque siempre este conocimiento está acotado por los métodos utilizados en la observación y elaboración teórica del material obtenido en este proceso; además, está siempre limitado al área de interés de la actividad científica de los investigadores. Más aún, este saber siempre es susceptible de ser modificado por datos observacionales incongruentes y cambios de paradigmas teóricos; esto significa que se terminaron los conocimientos absolutos inconmovibles e independientes de las condiciones de su adquisición, prácticas y teóricas. El conocimiento científico no es una mera acumulación lineal de elementos cognitivos, sino más bien un constante caminar teórico en el tema estudiado.
No me alargo más, ya es suficientemente extensa esta nota, y tengo mis dudas al escribirla. Valga, en todo caso, y si les parece, como introducción (obviamente incompleta) al diálogo sobre a este complejo tema de ideas y creencias.

Fernando Ruiz dijo...

Si me permites Casimiro, quisiera aventurar un comentario a propósito del tema de las creencias; surgido en el Blog en conexión a una cura milagrosa. Las creencias es un asunto que viene dando vueltas en mi cabeza desde hace ya un tiempo, y no necesito decir que no es fácil clarificarlo a plena satisfacción. Pienso que a menudo cuando se dice que algo es una creencia es porque no tiene base en la ‘realidad’, como es el caso de creer en los fantasmas o en las brujas, o en cosas por el estilo. Como consecuencia las creencias son lo opuesto a lo científico, el polo opuesto al conocimiento objetivo ofrecido por las ciencias. Así planteado el problema, y a simple vista, esto parece correcto y de sentido común. El asunto comienza a complicarse cuando tratamos de entender qué es la “realidad” y en qué consiste la “objetividad” de las ciencias. Para no extenderme demasiado me limito a observar que la “realidad” no puede reducirse a las puras ‘sensaciones’ del mundo, de partida la psicología nos dice que las sensaciones están contaminadas y organizadas por las condiciones del agente que las experimenta, y se prefiere entonces hablar de ‘senso-percepciones’ o percepciones a secas para incluir estos aspectos en la captación del ‘mundo’. Las percepciones, varían considerablemente de persona a persona y de cultura a cultura; naturalmente los hombres pueden encontrar terreno común y lograr acuerdos acerca de elementos del mundo en el que nos encontramos, particularmente de aquellos más simples y concretos con los que nos tropezamos habitualmente: piedras, tierra, manos, cabeza, etc. Pero las cosas se complican considerablemente cuando nos movemos a áreas más elaboradas y abstractas e intentamos conceptualizar, por ejemplo, lo que es la ‘naturaleza’ y la ‘realidad’. En buenas cuentas, la ‘realidad’ termina siendo un concepto basado en percepciones, ideas y creencias.
En lo referente a la “objetividad” del conocimiento científico hay mucho que hablar, baste reconocer su objetividad parcial, --no la temida relatividad; parcial, porque siempre este conocimiento está acotado por los métodos utilizados en la observación y elaboración teórica del material obtenido en este proceso; además, está siempre limitado al área de interés de la actividad científica de los investigadores. Más aún, este saber siempre es susceptible de ser modificado por datos observacionales incongruentes y cambios de paradigmas teóricos; esto significa que se terminaron los conocimientos absolutos inconmovibles e independientes de las condiciones de su adquisición, prácticas y teóricas. El conocimiento científico no es una mera acumulación lineal de elementos cognitivos, sino más bien un constante caminar teórico en el tema estudiado.
No me alargo más, ya es suficientemente extensa esta nota, y tengo mis dudas al escribirla. Valga, en todo caso, y si les parece, como introducción (obviamente incompleta) al diálogo sobre a este complejo tema de ideas y creencias.