jueves, 4 de junio de 2009

El Tsunami de Diciembre del 2004 y los Escandinavos

Este mes, los suecos (estos, el mes pasado) y los noruegos han publicado artículos relativamente similares acerca del efecto del trastorno de estrés post-traumático (TEPT) en dos grupos de turistas que estaban de vacaciones en el Índico cuando el Tsunami del año 2004.

Uno de los artículos está relacionado con una paciente que tuve que ver hace unas semanas. Se trataba de una mujer joven, que había sido aplastada, así como lo leen, entre dos coches, y sufrió de politraumatismo, con fractura de parrilla costal, escápulas, clavícula izquierda, y mandíbula. El motivo de consulta es el insomnio de la paciente (vamos a llamarla Amelia Earhart - me gusta el nombre, y he llegado del Pacífico hace unos días); también y debido a la fractura de la escápula y de la clavícula izquierda, no puede usar su brazo como es debido, lo que la había consternado. El diagnóstico [fácil]1 es uno de trastorno de estrés post-traumático (TEPT).

Desde el accidente han pasado casi 9 meses. Amelia, en contra del criterio D1 de la CIE-10 (incapacidad para recordar, parcial o completa, algunos aspectos importantes del periodo de exposición al acontecimiento o situación estresante) recordaba los detalles del accidente hasta el momento de aparecer la ambulancia y ser trasladada a uno de los dos hospitales de referencia de la isla, cuando perdió el conocimiento. Es decir, que de "incapacidad de recordar", nada.  

Sin embargo, habría que pensar que Amelia podría estar experimentando lo que experimentaron un grupo de Noruegos que sobrevivieron al tsunami del año 2004. De acuerdo con el artículo  de Tronde Heir, Auran Platigorsky y Lasr Weisaeth en el último British Journal of Psychiatry, los cambios en los recuerdos sobre la percepción de amenaza a la vida, a lo largo del tiempo, se amplifican (añaden, en las conclusiones del artículo, que esto podría poner en tela de juicio el propio diagnóstico de TEPT). 

La amplificación de los recuerdos, no tiene asociación significativa con la edad, género, estar casado o no, el nivel educativo y la exposición al tsunami (¡!); la única variable que estaba asociada de manera estadísticamente significativa con un aumento en la intensidad de la amenaza recordada, fue la puntuación en el IES (Impact of Event Scale - que no sé si está validada en español, pero supongo que sí). Esto quiere decir, ni más ni menos, que la falta de mejoría de los síntomas del TEPT está conectada con la amplificación de la percepción de amenaza de muerte recordada en la segunda valoración que efectuaron de la muestra de 416 personas incluidas en el estudio. 

Los autores concluyen que "sus hallazgos sugieren que la información suministrada por el afectado puede ser imprecisa e inestable, lo que cuestiona la validez diagnóstica del TEPT. Es posible para un individuo recibir un diagnóstico de TEPT sin haber sido expuesto al factor de estrés citado en el criterio A, puesto que algunos individuos podrían haber descrito un evento como más severo si hubieran sido interrogados un poco antes en el tiempo". 

 ¿Y por qué cambia el recuerdo de lo que se percibió como una amenaza a la vida  a lo largo del tiempo? Esto no lo explican, pero resulta fascinante que con el paso de los meses se amplifique esa percepción, la de que la vida de uno estuvo amenazada. Los autores especulan que una de las explicaciones podría ser que al no mejorar los síntoma de TEPT los pacientes tratan de justificarlo empeorando sus recuerdos. 

Mientras tanto, ¿Qué le ha pasado a nuestra paciente? ¿El empeoramiento de sus síntomas, superficialmente de TEPT, lleva a un empeoramiento en la percepción que tenía de que se iba a morir? Esto es lo que proponen Heir et al. 

¿Y los suecos, qué dicen a esto? Pues lo que dicen lo publican en un artículo aparecido en el Journal of Nervous and Mental Disease (2009; 197:316-323) . El artículo es mucho más convencional puesto que se limita a estudiar el efecto de la exposición al Tsunami de una muestra de turistas suecos (un total de 4932 que contestaron los cuestionarios enviados por correo por los investigadores, de una muestra total de 10116). Hallan la asociación clásica que relaciona la severidad del estímulo traumático a la presencia de síntomas de TEPT (nada nuevo). 

Mientras que el artículo del British Journal of Psychiatry es innovador - en el sentido de que critica, en el contexto de los criterios al uso, la validez del mismo diagnóstico -, el segundo es precisamente lo contrario, se trata de un artículo en el que lo que se constata es lo esperado; en este otro sentido, el artículo de los suecos vendría a replicar otros estudios, mientras que el artículo de los noruegos es conceptualmente superior, ya que va, con estocada empírica, al mismo centro del concepto de TEPT.




  1. Por fácil lo que quiero decir es que es superficial, sin una evaluación sistemática,  prima facie

Heir, T., Piatigorsky, A., & Weisaeth, L. (2009). Longitudinal changes in recalled perceived life threat after a natural disaster The British Journal of Psychiatry, 194 (6), 510-514 DOI: 10.1192/bjp.bp.108.056580ResearchBlogging.org

2 comentarios:

Jesús Castro Rodríguez dijo...

En mi caso, solo he tratado con este trastorno con ocasión de realizar valoraciones para determinar las secuelas con objeto de obtener indemnizaciones o contrapartidas económicas. En estos casos siempre me ha rondado la sospecha (tremenda) de la contaminación o exageración de los síntomas por las mencionadas contrapartidas. En algunos, resultaba evidentísimo, ya que incluso se ha llegado a verbalizar el hecho de permanecer en terapia como modo de "perjudicar" a quien se consideraba responsable del accidente o de la "desgracia".
En este caso, en este diagnóstico, ocurre como en otros, hay hallazgos a favor, en contra, pero la realidad aparece ante nosotros "necesitada" de dotarla de sentido, cosa en la que los humanos somos especialistas, aunque para ello tengamos que retorcerla hasta convertirla en un mal remedo de sí misma.
En cuanto a la explicación sobre la amplificación de la amenaza para la vida a medida que transcurre el tiempo, avanzada por los escandinavos, de forma que el paciente acaba poniendo de acuerdo sus síntomas con la gravedad de la amenaza vivida, no me parece dispartada, especialmente si consideramos los estudios del profesor Gazzaniga y su síndrome de la mano ajena. Los pacientes, aunque no podían ser responsables de los movimientos del cuerpo, siempre se atribuian responsabilidad al respecto, cuando se les pedía una explicación para su conducta.
Esto, lógicamente nos lleva a interesantísimas reflexiones, y aunque como sabe, no soy favorable a empezar a explicar la realidad psicológica desde una vertiente biológica, no pierdo de vista en absoluto de lo que estamos hechos (creo).

Gustavo dijo...

Creo que esa hipótesis de justificación está avalada por lo que llaman en psicología social teoría de disonancia cognitiva, que dice que ante dos percepciones incongruentes, el sujeto se ve impulsado a modificar una de ellas para reducir esa disonancia. Esto se probó con variables psicofisiológicas como dolor o hambre: si los sujetos recibían muy poco dinero o nada por participar en la investigación, toleraban mucho más dolor mucho más tiempo (se reprocesa la percepción para hacerla congruente con la voluntariedad en principio absurda de estar ahí sufriendo por la cara); en este caso supongo que si la percepción más inmodificable es que los síntomas no remiten y se exacerban con el tiempo, se redefine (intensifica) confruentemente el recuerdo asociado. Lo decía Nietzsche en otro contexto: "Yo he hecho eso", dice mi memoria. "Yo no puedo haber hecho eso"- dice mi orgullo y permanece inflexible. Al final - la memoria cede.