Mostrando entradas con la etiqueta histeria. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta histeria. Mostrar todas las entradas

domingo, 23 de enero de 2011

La mujer temblorosa - Autora: Siri Hustvedt.

Estoy leyendo "La mujer temblorosa" de Siri Hustvedt, que es la mujer de Paul Auster, nada menos, de veleidades Lacanianas, pero de prosa clara y tersa (la de Auster). El libro de Hustvedt es  de lectura obligada de rigor para psiquiatras, especialmente para aquellos de contorno reduccionista o neo-kraepeliniano (Klerman dixit - la página 4 del documento en PDF trae la tabla del Credo Neo-Kraepeliniano).

El libro vendría a ser la ¿primera? crónica del siglo XXI de una persona que escribe desde el autodiagnóstico de histeria (se diagnostica ella misma de trastorno de conversión en las primeras páginas).

La lectura es apasionante y más aún cuando cita la literatura científica más reciente. Me hizo pensar en lo que respondía Sydenham cuando los estudiantes de medicina le preguntaban qué debían de leer, Sydenham contestaba: Lean El Quijote. Algo de esto hay con el librito de Hustvedt.

No lean el DSM, lean "La mujer temblorosa".

En la imagen: Siri Hustvedt - imagen procedente de la Wikipedia.

sábado, 26 de diciembre de 2009

Wounded narcissism & more thoughts on Ishmael Effect

En el año 2003, en uno de los número de la revista Frenia, y en un articulo, escrito por dos ¿historiadoras? de la Universidad de Málaga, con el título "Género, mujeres y psiquiatría. Una aproximación crítica" se cita, a pie de página, un artículo que escribí hace tiempo acerca del trastorno límite de la personalidad.

A pesar de haber dado varias lecturas al artículo de Frenia, no tengo muy clara cuál es la idea central del mismo; es posible que ello sea porque padece de esa fragmentación tan característica de algunos textos postmodernos - es interesante mencionar que, en sentido estricto, no es del todo ininteligible. Sin embargo, me citan en el contexto de algo que ya mencioné en un post anterior: el Efecto Ismael.

Se trata de una de esas situaciones en las que las autoras se quedan tan anchas pensando, como Ismael, uno de los personajes de la novela de Melville "Moby Dick", que ellas son las únicas que sobrevivieron a la Ballena Blanca y, por lo tanto, tienen un "insight" especial del tema que tratan.

Los que se tomen la molestia de leer el post sobre el Efecto Ismael, recordarán lo que dice el propio David Stove en su texto "Solo yo he escapado para contároslo: epistemología y el efecto Ismael": "Son los que a sí mismos se llaman "sociólogos del conocimiento" y similares. Es gente que hasta ahora ha conseguido trascender los límites cognitivos de su propia "situación de clase" de modo que pueden informarnos a los demás de que nunca ha conseguido nadie trascender los límites cognitivos de su situación de clase. Nos dirán que es un hecho que los hechos no existen. Y así sucesivamente".

En el entretanto, las historiadoras no dejan claro qué hacer con las pacientes que presentan con conductas abigarradas y autolesivas;en otras palabras, con las paciente que sufren. Aunque un hecho sí tendrían claro: además del primero (que no hay hechos ciertos), plantearían que su responsabilidad no es la de tratar a estas pacientes. Ciertamente, saber de género, de mujeres y de psiquiatría, en una aproximación crítica (postmoderna y desde la privilegiada atalaya de las únicas que han sobrevivido para contarlo, en frase de David Stove) no les va a solucionar los problemas de estas pacientes, ni impedirá que se sigan quitando la vida.

Por lo demás, no les vendría mal a las autoras la lectura del libro de Ian Hacking: The social construction of what? del que creo que hay traducción al español. He de añadir que como comentó una vez Berrios en un artículo famoso acerca de la historia conceptual de la clasificación en psiquiatría en Francia en el siglo XIX, la combinación de filosofía analítica e historia conceptual es fructífera en el terreno de la historia de la psiquiatría - a lo que yo añado que también es rigurosa. Es una pena que las historiadoras no hayan leído este artículo de Berrios.

El artículo de las autoras me vino a la mente hace unos días, cuando asistí a una sesión clínica en el hospital en el que hago guardias, para toda la red de psiquiatría, acerca de una paciente joven con presentación extremadamente compleja (cuando se menciona una presentación compleja, lo más probable es que se trate de una persona con un diagnóstico en el eje II, DSM dixit, y no precisamente de bajo coeficiente intelectual).

Los problemas de la paciente eran (son) considerables y es posible que más tarde o más temprano se quite la vida. La descripción de la inmensa serie de problemas que afligía y que padecía se vio ensombrecida cuando la psiquiatra que presentaba el caso insistía, una y otra vez (es decir, en al menos dos ocasiones), en que la narrativa descrita sobre la situación de la paciente no era más que otra narrativa... de las muchas posibles.

Hasta aquí, todo bien; incluso me pareció aceptable el recuerdo histórico que efectuó, recorriendo los avatares de la conducta y de los términos asociados al constructo "Borderline". La sesión clínica comenzó a deteriorarse cuando aquellas narrativas tan equilibradas dejaron de tener el mismo peso y la suya se transformó en la dominante, puesto que las otras eran huecas, sin contenido: de nuevo, y acaso de manera trágica, el ¡Efecto Ismael!

sábado, 31 de octubre de 2009

Papers for a Halloween Night...

Se supone que tengo que estar preparando un importante peritaje médico-legal pero los dos artículos que menciono a continuación son tan exóticos, que no me he podido resistir a comentarlos un poco y a circularlos.

El primero tiene el sugestivo título de "Psicofarmacología de la Licantropía" y se publicó en el Canadian Medical Association Journal en 1992.

La mención a la lupinona es tan desternillante como la de los musicoides endógenos de un auténtico "Citation Classic" del THMJ. Supongo que como dice el autor del blog en dónde lo he obtenido, se trata de Halloween y por lo tanto hay que hablar de lunas llenas y hombres lobo. El blog se llama The Neurocritic y está lleno de aportaciones curiosas e interesantes (confidencialmente me alegra que me haya enterado antes que el mítico Vaughan Bell del no menos legendario Mind Hacks).

El otro artículo cifra, en esencia, la condición de adolescentes eternos de los hombres, el título es brutalmente obsceno: "Fellatio by Fruit Bats prolongs copulation time" o "La felación en murciélagos frugívoros aumenta el tiempo de cópula". Supongo que encaja también en la esencia de la noche, por aquello del murciélago...

Y, en un tono más serio, no dejen de leer este artículo de la revista Brain (In the psychiatrist's chair: how neurologists understand conversion disorder) acerca de la impresión que tienen 22 neurólogos acerca de los síntomas de conversión en sus pacientes: el modelo que aceptan es el del ¡engaño!

Enjoy! Happy Halloween!

En la imagen: las estructuras químicas de la lupinona y la buldogona.

miércoles, 22 de julio de 2009

Menopause and D2 antagonists: the story in Spain.

El objeto de este post no es de revisar los motivos del tradicional (¿?) atraso científico en España - se podría parafrasear a Laín Entralgo (1991) cuando decía que escribir (sustituir por investigar) en España era hacerlo en pozo vacío y para unos pocos (Cuerpo y Alma, 1991; pág 164, nota al pie) o mencionar una entrevista, en Inglés, a García Bellido en la que atribuía el atraso secular científico español al cierre de las Universidades españolas a raíz de la Contrarreforma(siglo XVI); o, vanamente, me podría citar en un comentario que hice una vez acerca de la posibilidad de Psiquiatria Basada en Pruebas en Español.

Enrique Álvarez, en una publicación relativamente reciente (Retos para la psiquiatría y la salud mental en España, 2003) se congratulaba por la mejoría en la producción científica en el terreno de la psiquiatría, pero lamentaba el que aún no fueramos capaces de investigar, leer y publicar en Inglés (pág. 105 y ss). Sin embargo, no todo lo que viene escrito en Inglés o lo que llega, de facto, a España procedente de los países de habla inglesa va a ser bueno.

Es posible concebir que también llegue lo malo y que, además, parezca que tengamos una habilidad inusitada para asimilarlo e incorporarlo. Parte de esto lo describe Elaine Showalter en su libro Hystories, en el que estudia - para Ruth Leys, autora de un libro superior sobre el trauma psíquico, superficialmente - lo que se entiende como epidemias de histeria del siglo XX y el siglo XXI: la fibromialgia, el síndrome de fatiga crónica, el trastorno múltiple de la personalidad, el Síndrome de la Guerra del Golfo, etc.

Junto con las pacientes con fibromialgia y un intento - por parte de los psiquiatras holandeses - de que penetre el diagnóstico de Trastorno de Identidad Disociativo, también llegan las "class actions", es decir, agrupaciones de denuncias a determinadas agencias u organizaciones, de varios cientos (o miles) de personas que son representadas por un grupo de abogados. Las alarmas farmacológicas, es decir, los escándalos asociados a efectos secundarios de fármacos, son la diana perfecta para una "Class action" (en español: Acción Grupal) y éstas también llegan a España. Y a eso, a las alarmas farmacológicas, quiero dedicar algunas líneas después de este descomunal preámbulo.

Uno de los MIR de Psiquiatría con el que trabajo me dijo que había visto a una paciente afectada por el Agreal® (Veraliprida1) - a los pocos días, un médico de atención primaria me derivó a una señora, de 57 años, que había sido vista por un Catedrático de Psiquiatría y que necesitaba ser seguida por Salud Mental al: (1) estar en tratamiento con Fluoxetina y (2) ser una "víctima" del Agreal®2

La paciente que entrevisté asumía, sin lugar a dudas, que sus síntomas depresivos (su depresión) era el producto del uso durante años del Agreal® - en sentido estricto se quejaba de (1) un cansancio desproporcionado, de una fatigabilidad crónica extrema que ella asoció al uso del fármaco. Además, también se quejaba de (2) temblores - que no llegué a sustanciar objetivamente y a pesar de ella - que atribuía al Agreal®. La paciente había decidido que sus síntomas eran: crónicos (i.e. incurables) y causados por el fármaco. No hubo manera de conseguir que su certeza acerca de la relación causa-efecto fuera puesta en duda o que fuera capaz de replantearse su fatigabilidad extrema fuera del contexto causa-efecto. Su hija, que la escoltó durante la segunda entrevista, reforzó las creencias de la paciente; estaba convencida que todo lo que le ocurría a su madre estaba causado por el medicamento.

Desconozco en detalle, por ahora, la presentación psicopatológica de la otra paciente, la del MIR. Procuraré, a lo largo de las semanas que vienen, informarme acerca de ello.

Parecería que convergieran tres elementos en la historia/narrativa acerca de los efectos del Agreal®:

  • En primer lugar, está la menopausia y su relación ambivalente y equívoca con los síntomas y trastornos psiquiátricos - desconozco las publicaciones en las que, más allá de toda duda, se establezca una relación causal o al menos sólida entre la misma y la susceptibilidad a los trastornos afectivos, a la depresión, por ejemplo (no obstante, no me sorprendió hallar esta publicación que iría en contra de lo que acabo de escribir: se publicó en Evidence Based Mental Health, y se establece que los síntomas depresivos son más comunes al principio y al final de la menopausia pero disminuyen después de concluir la misma).
  • En segundo lugar, habría que revisar los efectos secundarios más comunes de esta familia de fármacos a la que pertenecen otros como la amisulprida, el sulpiride, la desaparecida remoxiprida, el tiaprizal y, el cisapride (Prepulsid®) de la Janssen. Todos los psiquiatras están familiarizados al menos con el Solian® y el Dogmatil®, este último también utilizado por los gastroenterólogos de más de cuarenta años. Al ser antagonistas D2 todos pueden producir síntomas parkinsonianos y, a la larga, discinesia tardía (en breve DT). Aunque a finales de los setenta, aún se pensaba que el sulpiride podía ser uno de los tratamientos para la DT, tal y como sugiere este otro artículo en cuyo modelo experimental se le compara al Haloperidol, con resultados favorables para el sulpiride. Se podría argumentar, y además con razón, que no estamos hablando de este producto y que la veraliprida pertenece a la misma familia, no se dispone de la misma información. De acuerdo con la versión de la paciente entrevistada por mi, el Agreal® también podía producir depresión; este hallazgo me pareció sorprendente porque hasta hace relativamente poco, el sulpiride era propuesto como fármaco antidepresivo.
  • En tercer lugar, el hallazgo más robusto acerca de la DT es que el riesgo de la misma aumenta con la edad - en una revisión monumental de 1999 acerca de los antipsicóticos y los síntomas extrapiramidales, no queda clara la relación entre la DT y el sexo (tradicionalmente era más frecuente en mujeres, pero esto se ha cuestionado en revisiones recientes). Este factor de riesgo predispondría a las mujeres con menopausia a sufrir de DT de utilizar un antipsicótico de manera crónica.

Pero, está claro que la paciente que yo vi no padece de DT, que sería una complicación ominosa - por su irreversibilidad - del uso crónico de Agreal®. Se quejaba de fatigabilidad y cansancio, de sentirse triste y de temblores que no llegué a sustanciar o que no padecía durante la entrevista.

En otras palabras, no hay hallazgos objetivos, sólidos, que justifiquen la creencia de la paciente. Por consiguiente, ¿Cabría aquí hablar de síntomas físicos (¿cansancio y fatigabilidad además de temblores?) sin explicación médica? Es decir, ¿De un trastorno de conversión?


  1. La Veraliprida es una benzamida que se utilizó para el tratamiento de los síntomas vasomotores (¿sofocos?) de la menopausia; ¿Y los psicosomáticos? Es posible que sí...
  2. He vivido fuera de España desde el año 1998 a finales del 2006 - por lo que estaba ajeno al "Escándalo Agreal ".